Economía Local 2026-03-29T16:15:30+00:00

La historia de Dulces Vero: un negocio familiar mexicano que conquistó el mundo

Dulces Vero es una empresa de confitería mexicana con una historia de más de 70 años. Fundada en 1952 en Guadalajara, ha crecido de una pequeña fábrica a una marca internacional famosa por sus golosinas únicas, como los paletas congeladas de Duvalin y las de elote. Descubre cómo este negocio familiar superó mudanzas, sequías y cambios de propiedad, manteniéndose fiel a sus tradiciones.


La historia de Dulces Vero: un negocio familiar mexicano que conquistó el mundo

Dulces Vero es un negocio familiar originario de Jalisco que conquistó paladares de todo el país. La historia de la empresa comienza en 1952, cuando don Ángel Ibarra Dávila y su esposa, María del Refugio Robles, emprendieron su fábrica de dulces en Guadalajara. En sus primeros cinco años, el negocio operó bajo el nombre de «Los Pinos», fabricando dulces color amarillo, similares a los turrones, que envolvían en papel celofán de colores. En 1957 sacaron al mercado una paleta «grande» de caramelo rojo y palo de madera, lo que dio paso a los experimentos con el picante y las frutas. Así nació la famosa paleta de elote, con forma de mazorca y cubierta con chile piquín. Sin embargo, un «ciclo de sequía extraordinaria», según la UNAM, golpeó al país en 1957, lo que obligó a don Ángel Ibarra a llevarse el negocio a Culiacán, Sinaloa, donde cambió su nombre de «Los Pinos» a «Dulces Gloria». El hijo mayor de la familia regresó a Guadalajara en 1964, y un año después regresó el negocio a su lugar de origen. Luego de una década de «picar piedra», la empresa se reestructuró bajo el nombre de Dulces Vero, en honor a una de las nietas de don Ángel Ibarra y María del Refugio Robles. Dulces Vero se expandió a las tienditas de todo el país, al grado de tener sus propias fábricas de dulces y de empaques en los ochenta, lo que les permitió crecer a nivel nacional e internacional, con exportaciones hacia Estados Unidos y Centroamérica. Así fue cómo nacieron las paletas congeladas de Duvalin, por ejemplo. Dulces Vero fue comprada en el 2010 por Grupo Bimbo a través de su subsidiaria Barcel. Más de una década después, en 2022, Grupo Bimbo vendió Ricolino y Dulces Vero a Mondeléz International, su actual dueño, por 27 mil millones de pesos. La venta no afectó la producción de Dulces Vero, que hasta la fecha continúa con sus productos clásicos e incorporando nuevos al mercado. Además, en 2014 representó a México en la Feria Internacional de Confitería, en Alemania. Detrás de esas golosinas está Dulces Vero, un negocio familiar originario de Jalisco que conquistó paladares de todo el país. En sus 70 años de historia (y muelas picadas), la popularidad de esta marca de dulces creció al punto de generar más de mil 100 millones de pesos al año en ventas y utilidades por 220 millones de pesos. Dulces Vero, uno de los competidores del «Maguito» Sonrics, tiene una historia agridulce de más de 70 años, que incluyen dos mudanzas, el combate a una sequía, y tres dueños, incluido Grupo Bimbo. Todos esos sabores son obra de la idea de Don Ángel Ibarra Dávila y su esposa, María del Refugio Robles, quienes emprendieron su fábrica de dulces en Guadalajara en 1952, y crearon un «imperio de sabor». Después sacaron la «Sandibrocha», la «pintazul» y hasta el «tarrito» de cerveza. Desde entonces, Dulces Vero ha creado golosinas como la paleta de «Manita», con sus frases buena onda, y hasta las «Picafresas».

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