Economía Política Del país 2026-03-26T14:14:30+00:00

El Banco de México: equilibrar recortes de tasas y control de inflación

México debe navegar la desinflación y la debilidad cíclica mientras preserva una trayectoria creíble para el mercado. Las decisiones sobre tasas afectan no solo las condiciones actuales, sino también las expectativas futuras, exigiendo precisión al banco central.


El Banco de México: equilibrar recortes de tasas y control de inflación

La Junta enfrenta la necesidad de acompañar la desinflación y la debilidad cíclica, pero también la de preservar una trayectoria creíble que no sea reescrita por el mercado. Y es esa trayectoria —más que el nivel puntual— la que termina definiendo las condiciones financieras relevantes. La política monetaria se transmite también a través de la curva de rendimientos, particularmente en el tramo de uno a dos años, donde se incorporan las expectativas sobre el ciclo. Un recorte que el mercado interprete como el inicio de un ciclo más agresivo puede relajar condiciones en el corto plazo, pero endurecerlas en el mediano si la parte media de la curva incorpora primas de riesgo o dudas sobre la trayectoria inflacionaria. Hacia adelante, curiosa ironía del tiempo, el reto para el Banco de México estará en la trayectoria que su público esté dispuesto a creer. El resultado es un margen más estrecho para continuar bajando la tasa. La literatura económica ha sido clara en este punto. Pero, en realidad, hace tiempo que empezó a definirse. Cada ajuste en la tasa no solo modifica el costo del dinero hoy, sino la trayectoria esperada hacia adelante. Pero el entorno tampoco ofrece suficiente certidumbre como para mantener el ritmo. La decisión no solo ajusta el presente, sino que reconfigura esa trayectoria implícita. En ese contexto, avanzar demasiado rápido puede tener efectos contraproducentes. Esa divergencia parece abrir espacio para ajustar la postura monetaria, pero también obliga a hacerlo con mayor precisión. Porque la tasa de interés no es solo un instrumento técnico. Y en momentos como este, ese precio no se determina únicamente en la mesa de la Junta, sino en el diálogo —a veces tenso— entre el banco central, los analistas y los mercados. Y en ese terreno, los bancos centrales no solo reaccionan a los datos; moldean decisiones intertemporales. Ahí es donde el entorno introduce complejidad. Antes del conflicto en Irán, el mercado había operado bajo la premisa de que el siguiente movimiento del Banco de México sería un recorte. La trayectoria de la inflación subyacente lo permite, la actividad lo sugiere y las condiciones financieras no imponen una restricción inmediata. Mantener ancladas las expectativas en la parte media de la curva es, en esta fase, condición para preservar espacio de maniobra. A esto se suma un elemento de fondo: la dificultad de ubicar con precisión el nivel neutral de la tasa de interés. Los precios más sensibles a choques de oferta siguen marcando episodios de volatilidad, mientras que aquellos que definen la trayectoria de mediano plazo comienzan a ceder. No se trata solo del tamaño del recorte, sino de lo que ese movimiento sugiere sobre el destino del ciclo. De ahí que la calibración no sea únicamente sobre la magnitud del ajuste, sino sobre la señal que lo acompaña. La debilidad de la actividad —reflejada en la contracción reciente del IGAE— amplía el margen para recortar tasas. El lenguaje y la guía prospectiva se vuelven instrumentos tan relevantes como la propia tasa. Ese marco resulta útil para entender el momento actual. Es, en sentido abstracto, el valor del tiempo: cuánto consumir hoy frente a mañana, invertir hoy frente a esperar, asumir riesgo hoy frente a postergarlo. Además, la inflación volvió a sorprender al alza, impulsada casi por completo por su componente más volátil. “Estrellas errantes”, como sugiere la literatura más reciente. Al final, determinar la tasa de interés también es fijar el valor del tiempo. La volatilidad en el componente no subyacente recuerda que el proceso desinflacionario no es lineal. Hay, además, una tensión menos visible que empieza a dominar la discusión. La consistencia se juega en la secuencia. La decisión se anuncia este jueves. La señal quedó sembrada en la comunicación de febrero y, desde entonces, la trayectoria implícita en la curva fue incorporando no solo ese ajuste, sino parte del ciclo que podría seguirle. En los últimos días, sin embargo, los acontecimientos de Medio Oriente han modificado el escenario abruptamente. Como mostraron Finn E. Kydland y Edward C. Prescott, el reto no es solo elegir bien hoy, sino sostener una trayectoria creíble en el tiempo. Frutas y verduras —con el jitomate como protagonista— y ajustes en tarifas eléctricas empujaron la inflación general por encima de lo previsto. No obstante, debajo de ese ruido, el mensaje de fondo se mantiene: la inflación subyacente continúa desacelerándose. La imagen es la de una economía desalineada. Al mismo tiempo, el contexto global ha dejado de ser un ancla clara: tensiones geopolíticas, presiones en energéticos y un balance de riesgos más simétrico obligan a incorporar escenarios que no están plenamente en las cifras, pero ya pesan en la evaluación. En ese marco, un recorte de 25 puntos base luce consistente con la información disponible. La percepción de qué tan restrictiva es la postura actual depende de una referencia no observable y cambiante.

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