Porque la transición energética no se decreta, se diseña. América Latina no necesita más diagnósticos sobre su potencial. América Latina se repite a sí misma, una y otra vez, que está destinada a ser líder en energías renovables. El liderazgo energético no es un accidente geográfico, es una consecuencia política, técnica y económica. Escocia no tiene más viento que América Latina sol. México comparte, y en algunos casos concentra, muchas de esas ventajas. En contraste, América Latina en su conjunto ronda el 60% de generación eléctrica renovable, con fuerte dependencia hidroeléctrica, mientras que México se mantiene por debajo del 30% en generación limpia efectiva si se excluyen ciertas categorías debatibles. Lo que sí tiene es una diferencia crucial, decidió qué hacer con él. El potencial está ahí, pero el liderazgo, no necesariamente. México ilustra bien esta tensión. Y esa diferencia se mide en decisiones. Para entenderlo, conviene mirar hacia Escocia, desde donde escribo esta columna hoy. Y ahí es donde la región sigue teniendo una deuda pendiente, porque en energía, como en desarrollo, el potencial no es destino, es apenas el punto de partida. La diferencia entonces no es de recursos, es de enfoque. Escocia entendió que el viento no es una ventaja competitiva hasta que se convierte en infraestructura, regulación y certeza. Sin embargo, hay una diferencia muy grande entre tener potencial y ejercer liderazgo. En otras palabras, dejó de hablar de su potencial y empezó a gestionarlo. América Latina, en cambio, sigue atrapada en una narrativa aspiracional. Necesita disciplina para convertirlo en realidad. Se celebra el recurso, pero se posterga la inversión en redes. América Latina, en conjunto, rebasa los 650 millones. No porque sea un modelo perfecto, sino porque es un caso claro de cómo convertir una ventaja natural en una estrategia de país. Es decir, no solo cubre su demanda, sino que exporta excedentes. Escocia tiene poco más de 5 millones de habitantes. México supera los 120 millones. Se habla de transición energética, pero sin una arquitectura institucional que la sostenga. El resultado es una paradoja cada vez más visible, países con abundante sol y viento, pero con sistemas eléctricos que enfrentan saturación, rezagos en transmisión y vulnerabilidad ante picos de demanda. No es un problema de capacidades técnicas, sino un problema de decisiones. La lección de Escocia no es que debamos copiar su modelo, sino que debemos entender su lógica, que consiste en identificar con precisión las fortalezas propias y, a partir de ahí, construir una estrategia consistente en el tiempo. Los argumentos sobran, una de las mayores radiaciones solares del planeta, corredores eólicos de clase mundial, recursos hídricos abundantes y una demanda energética en crecimiento. Se anuncian proyectos, pero se diluyen en marcos regulatorios inciertos. Eso implica invertir en redes antes de que colapsen, planear la electrificación antes de que nos rebase y establecer reglas claras que sobrevivan más allá de los ciclos políticos. México tiene uno de los mayores potenciales solares del mundo y zonas eólicas altamente competitivas, pero enfrenta desafíos estructurales en infraestructura eléctrica, certidumbre regulatoria e integración de nuevas tecnologías. Apostó por metas claras, estabilidad en políticas públicas y una coordinación efectiva entre gobierno, industria y academia. Sin cambios abruptos, sin señales contradictorias, sin improvisación. Sin embargo, el tamaño no ha sido el factor determinante. En 2022, Escocia generó el equivalente a más del 110 por ciento de su consumo eléctrico a partir de fuentes renovables, impulsada principalmente por la energía eólica, que representa mas de tres cuartas partes del total.
El potencial de América Latina: de las promesas al liderazgo energético real
América Latina tiene un enorme potencial para liderar en energías renovables, pero para lograrlo se requiere voluntad política y planificación estratégica, como demuestra el ejemplo de Escocia. El artículo analiza la brecha entre el potencial y los resultados reales, enfatizando la importancia de invertir en infraestructura y crear mecanismos regulatorios estables.