El aumento del salario mínimo en México representa un freno para la formalización y el crecimiento. Con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI), el número de personas que perciben salario mínimo casi se ha cuadruplicado entre 2018 y 2025, pasando de 4.5 millones a 16.2 millones. En porcentaje de población, México ha pasado del 16% (2015) al 26.8% en 2026. El salario mínimo ha tenido ocho incrementos notables durante la llamada cuarta transformación. Este grupo se ha desplomado, pasando de 8 millones en 2018 a 2.7 millones en 2025. Hay una primera reflexión: el empleo en México es casi pleno (cercano al 97%), pero es precario; más personas con salario mínimo significa que más jefes de familia no pueden mantener a su prole con su trabajo (asumiendo familias de tres, la canasta básica es de 14 mil pesos y el sueldo mínimo roza los 10 mil). La clase empresarial mexicana debe salir del «jardín del salario mínimo». El método para comparar consiste en llevar el salario mínimo vigente a pesos de cada periodo histórico, ajustando con el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC). En materia de aumentos, ni el paraíso prometido ni el infierno diagnosticado. El salario mínimo era el 37% del salario medio en 2014 y ahora es más del 75%. Esto alivió la pobreza y los salarios de los informales también aumentaron, ya que el nuevo mínimo hace que los salarios muy bajos sean socialmente menos aceptables. En la recta final de Peña Nieto, el monto era de ochenta y ocho pesos diarios; desde entonces, los ocho incrementos han sido de dos dígitos, y parece que será la tónica permanente. Este número parece más presentable, y convendría saber por qué CONASAMI optó por esta fórmula. ¿Qué comportamiento tiene el grupo que gana más de uno y hasta dos minisalarios? Los datos revelan un fenómeno estructural: el mercado laboral mexicano absorbe mano de obra, pero no la integra en esquemas de productividad ni de protección. Los aumentos permiten saldar una hipoteca social con la clase trabajadora. Con esta variable, el porcentaje de la población ocupada que gana hasta un Salario Mínimo Equivalente (SME) se ha reducido 5.5 puntos. No estamos frente a una economía que no emplea, sino a una que quizá emplea mal. En su última publicación, CONASAMI adaptó la medición del «Salario Mínimo Equivalente», señalando que INEGI desarrolló esta metodología para comparar la población ocupada por rangos de salario. Este ejercicio recordó a un primer ministro inglés, quien dijo que en política hay «mentiritas, mentirotas y estadísticas». Podríamos aseverar que la economía «ha aguantado» estos aumentos, desmontando el mito de que generan inflación.
Aumento del salario mínimo en México: ¿freno para la economía?
El número de mexicanos con salario mínimo casi se ha triplicado desde 2018. El análisis muestra que, pese al pleno empleo, la calidad del trabajo es baja, frenando la formalización. El gobierno aplica fuertes incrementos para saldar una deuda social.