La calidad de la inversión, y no solo su cantidad, es un indicador clave de la salud económica de un país. Se necesita una nueva metodología de medición para las inversiones públicas y privadas. Una inversión no es simplemente un gasto para adquirir un activo, sino uno que debe generar ingresos futuros o prestar servicios. Si una obra pública se retrasa años y no genera ingresos ni servicios gratuitos a la población, debe considerarse un gasto, no una inversión. Lo mismo ocurre en el sector privado: las empresas que incumplen sus planes de inversión deben rendir cuentas. Para una evaluación más precisa, las inversiones deberían revisarse con un retraso de varios años para ver su rentabilidad real. Si los activos, como las viviendas, se venden rápido con descuento o se abandonan, es señal de malas inversiones. La diferencia entre la inversión bruta y la que efectivamente crea valor mostrará la eficiencia de un país en la gestión de sus recursos.
La calidad de la inversión como principal indicador económico
El artículo propone repensar la forma de medir la inversión, distinguiendo entre una inversión real y un simple gasto. El autor argumenta que es crucial evaluar no solo el volumen, sino también la calidad de las inversiones, las cuales deben generar ingresos y valor para la sociedad.