Economía Política Del país 2026-04-10T13:25:26+00:00

Afores: México necesita la arquitectura correcta para invertir

El sistema de pensiones de México (Afores) cuenta con un capital inmenso, pero para canalizarlo eficientemente a proyectos productivos se necesitan tres condiciones clave: proyectos estructurados, mecanismos de coinversión y fortalecimiento del Estado de derecho. Sin esto, los ahorros de millones de mexicanos no se convertirán en un motor de crecimiento.


Afores: México necesita la arquitectura correcta para invertir

La pregunta relevante que debemos hacernos es hacia dónde canalizarán ese ahorro. La mayor parte del portafolio de las Afores se concentra en renta fija y variable, nacional e internacional. El activo financiero más grande de México no le pertenece al Estado. Sin certeza institucional, ningún marco regulatorio es suficiente para que el capital de largo plazo se comprometa con proyectos productivos en México. Las Afores son el capital que México necesita para crecer. Sin proyecto bien estructurado, no hay inversión posible, por más capital disponible que exista. Eso obliga a México a sustituir importaciones asiáticas con producción doméstica, lo que abre una demanda real e inmediata de inversión en algunos de los sectores que requieren capital de largo plazo, que generan rendimientos predecibles una vez maduros, y que tienen el perfil que las Siefores pueden y deben exigir. Son el patrimonio de retiro de millones de trabajadores mexicanos. Cualquier expansión hacia activos alternativos tiene que cumplir una condición no negociable: rentabilidad real, en el horizonte de largo plazo que el sistema permite y que ningún otro vehículo de inversión en México tiene de manera estructural. Los recursos están determinados a hacerse más grandes por ley y por demografía. La Consar proyecta que el SAR puede consolidarse como el principal intermediario financiero de México. En activos alternativos, infraestructura, capital privado, proyectos productivos, la asignación apenas alcanza el 8.7 por ciento. Las Afores son, por definición, el capital que está más dispuesto a esperar. Ya tienen el tamaño, tienen el horizonte de inversión y tienen el mandato fiduciario de maximizar el rendimiento para los trabajadores. Las Afores deberían financiar proyectos que produzcan, que compitan y que paguen. Construir esa conexión entre oferta de ahorro y demanda de inversión productiva requiere, al menos, tres condiciones simultáneas. Se llama Sistema de Ahorro para el Retiro, administra más de 8.4 billones de pesos y representa poco más del 22 por ciento del PIB nacional. Primero, un programa estructurado de proyectos certificables, empaquetados con estándares institucionales de transparencia, gobierno corporativo y métricas de riesgo-rendimiento que sean auditables y comparables. Segundo, vehículos de coinversión entre banca de desarrollo y capital privado que funcionen como catalizadores, no como sustitutos, distribuyendo el riesgo de etapa temprana y habilitando la entrada del capital institucional en condiciones razonables. Las negociaciones apuntan hacia una mayor integración de América del Norte. Tercero, y esto es condición de fondo: fortalecer el sistema de impartición de justicia, la seguridad jurídica y el Estado de derecho. Lo que hace falta es un ecosistema de proyectos rentables, con reglas claras y respaldo institucional, que convierta ese ahorro en el motor de un nuevo ciclo productivo. La brecha no está en los recursos, está en la arquitectura que debería conectar esos recursos con la inversión. Debemos comenzar a armar el andamiaje por una razón que va más allá de la política industrial: los recursos de las Afores no son capital público ni capital de riesgo especulativo. Le pertenece a los trabajadores. No como favor al país, sino como la mejor inversión posible para quienes pusieron ese dinero ahí, un peso a la vez, durante toda su vida laboral. No porque los rendimientos no sean competitivos, sino porque los proyectos con el perfil adecuado de riesgo-rendimiento, gobierno corporativo y horizonte de largo plazo no existen en el volumen que el sistema demanda. Sin embargo el lapso de tiempo es una ventaja competitiva, no una licencia para asumir riesgo sin retorno. Dicho eso, la coyuntura frente a las negociaciones del T-MEC ofrece una convergencia de oportunidades que sería un error no aprovechar. La reforma de pensiones de 2020 incrementará las aportaciones del 6.15 por ciento al 15 por ciento del salario base de cotización de forma gradual hasta 2030, lo que acelerará estructuralmente el flujo de recursos hacia las Afores en los próximos años.

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