El caso de Venezuela lo muestra. Pero incluso en esas condiciones, la derrota del sistema lo debilita, tanto frente a la comunidad internacional como hacia el interior, abriendo el espacio para el tránsito a la democracia, así sea a lo largo de años y enfrentando obstáculos continuos. Derrotarlo, para eliminar las acciones ilegales realizadas desde el golpe de Estado, permitiría a México una nueva oportunidad. Cuando hay juegos por separado, para conseguir alguna gubernatura, unas senadurías, o de plano prebendas, el triunfo se vuelve imposible. Lo derrotó un excompañero suyo, que hace dos años decidió salir del partido, y convertirse en candidato de una organización prácticamente desconocida. De mantenernos en esa circunstancia, el deterioro seguirá siendo nuestro destino. Evitarlo exige renovación en los partidos, así como la llegada de nuevas fuerzas políticas. Hoy tiene dos terceras partes del Parlamento. Son dos ejemplos de que una elección puede ser ganada por la oposición, incluso en sistemas autoritarios. Desde 2024, Maduro dejó de ser legítimo, y por lo tanto se hizo vulnerable. Las lecciones creo que son importantes para México, donde atestiguamos la concentración de poder en una sola persona, que ahora disputa con la presidencia el liderazgo de un movimiento que, gracias a un golpe de Estado, controla los tres poderes federales. Parecería que todo está en sus manos, pero así parecía en Venezuela y Hungría. Las grietas ahí están: por un lado, todavía habrá elecciones; por otro, el grupo en el poder ya no es unitario. Tercero, debe construirse una estructura capaz de movilizar el voto, vigilarlo, documentarlo, y defenderlo. Ganar la elección no implica alcanzar el poder, ciertamente. Eso exige, como decíamos: liderazgo, unidad y estructura. Fallas en las tres dimensiones permitieron al grupo en el poder mantener una mayoría simple en 2021 (faltó unidad), obtener el triunfo en 2024 (falló todo), y por el momento considerarse hegemónico. En segundo lugar, la oposición debe estar unida detrás de ese líder. En unos días este grupo elegirá tres consejeros electorales para dominar por completo el INE, como ya lo hace en el TEPJF y en la Suprema Corte. Sin embargo, a nivel internacional la oposición logró demostrar, con actas oficiales, su derrota y la extensión ilegal de su gobierno. Los encargados de los partidos no parecen a la altura del momento que vivimos, más interesados en prebendas que en el futuro del país. Cuando hay una grieta, por pequeña que sea, hay la posibilidad de derrotar el autoritarismo. Pero eso requiere varias cosas. No es el caso de Cuba o Irán, donde puede uno hablar más de totalitarismo, con un régimen político que no permite oposición en las elecciones. Con esa excusa es que Estados Unidos lo extrajo de Venezuela para procesarlo, no como presidente de su país, sino como líder de un grupo criminal. Este domingo, Viktor Orbán fue derrotado en Hungría, después de tres lustros como primer ministro, tiempo en el que concentró todo el poder. Salvo a nivel local, en 2027 el liderazgo no es tan importante, pero es evidente la ausencia de unidad en la oposición, y por lo tanto la falta de estructura. Después vendrá la oportunidad. A pesar de tener un control casi absoluto del proceso, Maduro no obtuvo el triunfo, pero se negó a dejar el poder. Hace casi dos años, la oposición venezolana logró derrotar en las urnas a Nicolás Maduro. Creo que la guía es clara, faltan la voluntad y la valentía. El próximo año, la aplicación de las tres dimensiones mencionadas podrá reflejarse en gubernaturas, pero también en un equilibrio en el Congreso. Sin duda, candidatos potentes, como fue el caso de María Corina Machado (reemplazada por Edmundo González, pero siempre con el respaldo de María Corina), o el de Péter Magyar.
Lecciones para México: cómo derrotar al autoritarismo
Análisis de la situación política en México a través de los acontecimientos en Venezuela y Hungría. El autor subraya que para vencer al autoritarismo son necesarias el liderazgo, la unidad de la oposición y una estructura sólida.