El costo político que hoy enfrenta el gobierno mexicano no nació solo del conflicto actual. Es decir, esta crisis no golpea solamente a grandes corporativos con cobertura financiera y capacidad de maniobra. Está reaccionando como un régimen que llevaba décadas preparándose para un escenario así. Esta nueva crisis, en cambio, está entrando por el tanque de combustible. Lo que hoy empieza a sentirse en el bolsillo de millones de personas no es solamente una mala racha de mercado. Solo le pasa la factura. Porque no todas las guerras empiezan con soldados cerca. Que esta crisis no se enfrenta con opiniones, sino con continuidad operativa. Toca renegociar condiciones, revisar precios, evaluar inventarios sensibles y preguntarse qué parte del negocio depende de una estabilidad que ya no existe. Le basta con resistir, alargar el conflicto y encarecerle al mundo la idea de estabilidad. Pero con lo que hoy se está viviendo se convierte en una ironía, porque justo hoy el país necesita amortiguar el costo interno de la energía, pero arrastra el desgaste de haber enviado al exterior un recurso que hoy se volvió más sensible, más caro y más estratégico. Y eso solo es el costo para la política nacional, porque el habitante de Mar-a-Lago con oficina en Washington la está pasando peor. Desde que tengo memoria, siempre estamos en algún tipo de crisis. Viene arrastrando además una contradicción previa. Hace apenas unas semanas, el debate público estaba marcado por el hecho de que Pemex había suministrado petróleo y derivados a Cuba bajo un contrato comercial activo desde 2023. Si logra mantener la amenaza sobre una ruta por la que pasa una porción crítica del petróleo, el gas y parte importante de los fertilizantes comercializados globalmente, ya está imponiendo costos. La paradoja es irónica, la mayor potencia militar del mundo puede tener capacidad de fuego superior y aun así terminar atrapada por la capacidad del otro para volver carísima cualquier salida. La geopolítica no le pide permiso a la operación. Hoy más que nunca toca revisar exposición real a fletes, combustibles e insumos críticos. Todas, sin embargo se sienten diferentes. Es la traducción cotidiana de una guerra lejana que dejó de ser lejana cuando empezó a empujar el costo de mover mercancías, sembrar alimentos y sostener la operación de miles de negocios. La guerra en Medio Oriente ha presionado fuertemente el mercado global de fertilizantes, en especial la urea, sobre todo, han empujado también al alza los energéticos. El resultado no necesita demasiada explicación: cuando suben energéticos, combustible y fertilizantes, tarde o temprano sube la comida. La magnitud del problema se vuelve más clara cuando dejamos de pensar solo en consumidores y empezamos a pensar en operación. Solamente en el 2025 se envió el equivalente a 496 millones de dólares según Pemex, cifra que MCCI documentó, representa apenas el 13% de lo registrado ante aduanas mexicanas. Podrá discutirse si era apoyo comercial, humanitario o una mezcla de ambos. Así que lo anunció con bombo y platillo prometiendo resultados inmediatos. El problema es que Irán no reaccionó como un actor sorprendido. Golpea al transportista que ya venía operando con márgenes estrechos, a la Pyme agrícola que depende de insumos encarecidos, al taller que paga más por mover materiales, al restaurante que no puede absorber otro ajuste y a la fábrica que vuelve a descubrir que la geopolítica también cabe en una orden de compra. El problema no se queda solo en los costos que van a parar a los bolsillos de los consumidores; sino que ya salpicó hacia arriba. El señor apostó a que un golpe fuerte doblegaría a Irán. La lógica era conocida: superioridad militar, shock inicial y presión suficiente para quebrar la voluntad del adversario. El “error de diciembre” por ejemplo, dejó una cicatriz que todavía hoy pesa en la relación del mexicano común con el crédito. Toca proteger liquidez antes que optimismo. Y por las recientes notas internacionales, no hay probabilidad de que Teherán afloje pronto su presión sobre el estrecho de Ormuz, precisamente porque esa palanca se ha vuelto una de sus mayores ventajas estratégicas. Ahí está la parte que el señor al que Machado le regaló su Nobel de Paz nunca imaginó. Apenas vamos saliendo de una y llega (o provocamos) otra. Algunas empiezan cuando llenar un tanque, sembrar una hectárea o surtir una bodega deja de costar lo mismo. Tal parece que a Goliath realmente no le ganas con una piedra; sino que se necesita la astucia de Rostam que sabía adaptarse y manejó las espadas, arcos y lanzas. ¿Y qué significa esto para una Pyme mexicana? En México, las Mipymes representan 99.8% de las unidades económicas del país. Irán no necesita ganar militarmente.
El costo económico de la política mexicana
La guerra global y la geopolítica impactan directamente la economía de México, causando un aumento en los precios de la energía y los alimentos. Las empresas locales, especialmente las PYMES, enfrentan graves desafíos operativos mientras intentan adaptarse a una nueva realidad donde la estabilidad es un lujo.