A los trabajadores, o lo pagan sus patrones, se les descuenta una proporción elevada del sueldo, gracias a la cual se supone que tienen acceso al mejor sistema público de salud en México. El IMSS-Bienestar no tiene nada que ver con aquella institución. Es un nombre que se les ocurrió para cargarle al Seguro Social el desastre que fue el Insabi. No cabe duda que en segundo y tercer nivel, el IMSS tiene instalaciones y personal de primera, pero llegar ahí puede ser imposible para muchos. Si esa atención fuese financiada con pago al IMSS, sería muy diferente. La idea de crear un sistema universal de salud en México no es nueva. El asunto es un embrollo legal y económico. Por un lado, el IMSS es una organización tripartita, sostenida por aportaciones gubernamentales, pero también patronales y laborales. Los servicios estatales son de chile, de dulce y de manteca. Cierro con el quid del asunto: el dinero. El gobierno mexicano destinaba 3 puntos del PIB a salud, que se complementaban con un tanto similar del sector privado y las familias. Como usted recuerda, López Obrador canceló el Seguro Popular, porque construiría una maravilla comparable a Dinamarca. Finalmente, tenemos sistemas estatales, de Fuerzas Armadas, de Pemex, y algunos otros. Si se cree que una credencial bastará para resolver esta maraña legal, no se tiene idea del tema. Fue un fracaso enorme, con un costo de decenas de miles de millones de pesos, que terminó en ese engendro del IMSS-Bienestar, que no es IMSS, y muy probablemente tampoco es bienestar. Tenemos además el ISSSTE, que también cobra cuotas a los empleados de gobierno, aunque en este caso sería más fácil que éste absorbiera ese costo. No se trata de inventar una credencial y repartirla, que para eso bastaría con usar la del INE, o las credenciales escolares para los menores. Muchos expertos lo han recomendado, e incluso esta columna ha hablado al respecto. Pero justamente eso hacía el Seguro Popular. Ahora hasta se complica entrar a las clínicas del IMSS sin credencial de la institución, ya quiero ver que lleguen con su “sistema universal” y los deje pasar el guardia, los reciban al interior, y les programen cita. Si además van a sumarse dos decenas de millones del IMSS-Bienestar, y otra media del ISSSTE, ya podrá imaginarse. Estrictamente hablando, que el IMSS atienda a pacientes de otras instituciones es un desfalco a la institución, que se financia de patrones y trabajadores. El detalle es cómo hacerlo. En estos ocho años, el gasto del gobierno ha caído, y las familias han tenido que incrementar su gasto de bolsillo, en detrimento de otro consumo. Si no pueden organizar una compra consolidada, se pregunta uno cómo podrían coordinar instituciones enteras. No hemos hablado del tema sindical, porque el personal del IMSS tiene un trato preferencial frente a los asegurados: mejores sueldos, mejores pensiones, que no existen en el IMSS-Bienestar, ni tampoco en el ISSSTE. Ocho años de destrucción sin sentido, pues. No han sido capaces, en los ocho años mencionados, de surtir adecuadamente medicinas y material, aunque han tirado dinero sin límite. Todo esto sin considerar que desde hace tiempo no es nada fácil ser atendido, y por eso han crecido los consultorios adscritos a farmacias privadas. En cualquier caso, México invierte 6 puntos del PIB en salud, mientras los países sudamericanos invierten nueve, los europeos 12, y Estados Unidos, 18. Un sistema universal es buena idea: recuperen el Seguro Popular, dótenlo de tres puntos del PIB, y el asunto estará resuelto. Cualquier otra cosa es charlatanería. Estas últimas no son menores. A lo mejor ahora que ya entendieron que necesitan fracking, e inversión privada en electricidad, también entienden la importancia de ese sistema.
Los sistemas de salud de México: caos y una posible solución
Análisis del complejo sistema de salud de México, incluyendo IMSS, ISSSTE y Seguro Popular. El autor critica la situación actual y propone una solución simple: restaurar Seguro Popular con financiación del 3% del PIB para crear un sistema verdaderamente universal.